lunes 6 de junio de 2011

HISTORIA NATURAL

En un mes, la Luna germinará, saldrá de la tierra y florecerá, pues la Luna no es un astro como se cree comúnmente, sino el polen de innumerables flores hembras de cargador blando que se yerguen todas la tardes sobre la tierra, al tiempo que las flores machos caen de nuevo al suelo, donde el grano vuelve a germinar.
- Benjamin Péret

miércoles 25 de mayo de 2011

DELTA

De la misma forma que el símbolo algebraico que representa una diferencia entre dos valores próximos a una magnitud, yo soy un delta.
Soy un delta, mas no soy la bifurcación de un solo río en varios brazos, sino que de dos ríos soy la confluencia. Dos torrentes riegan mis venas y arterias, convirtiéndome así en este complejo delta humano.
Un arroyo que no lleva agua, sino polvo ancestral transportado por siglos de historia a través del océano Atlántico, desde algún lugar ignoto perdido en las escarpadas costas del mar Mediterráneo, o incluso más al sur… Y al norte del continente Africano.
Ríos de arena arrastrados por el viento y por el tiempo, cuyos rasgos permanecen y recorren por intrincados caminos mi sistema coronario.
¡¡WADI RAMA!!
Una lejana voz femenina grita en medio del desierto, y no puede ser opacada ni siquiera por la tormenta de partículas que se arremolina a su alrededor intentando sepultarla. Es potente y grave como el rugido de una leona etíope. Acaso será la voz de la legendaria reina de Saba, musa portentosa, sagaz y seductora. O quizá una astuta odalisca incomprendida que narra fábulas noche tras noche con tal de mantener su cabeza erguida aún sobre sus hombros. Bien podría ser la terrenal mujer de belleza sublime que desencadenó la guerra entre los dos reinos más gloriosos de la Hélade, ella cuyo nombre es el de la hija de la Luna.
El otro río que me moja desde adentro y que irriga mi existencia, tampoco lleva agua; es en cambio, un sonoro y nostálgico arroyo tejido por delicados y misteriosos hilos plateados. Un torrente argénteo que fluye entre praderas y sauces, llanuras que desconozco.
Un río que trae voces melancólicas como tardes lluviosas, como el amargo sabor del mate, grave como un tambor en un decadente desfile candombero o como la voz de un viejo en un muelle, cantando algún tango olvidado que apenas se escucha, porque se confunde con el aguacero y la estática de radio vieja que tienen los recuerdos de cosas que nunca se han visto en realidad, que sólo han sido contadas como leyendas o mitos.
Pradal de plata… el cuento de un tal Plada sentado esperando –nadie sabe a qué-  en la pradera a las orillas del Plata. Río de la Plata por el que espero navegar algún día, espero no muy tarde para no tener que pagar a un barquero encapotado esas dos monedas de plata…
Que mi río de hilos de plata no se convierta en el Estigia antes que pueda llegar siquiera a verte la cara, viejo charrúa, y que no sea Caronte quien me lleve a conocerte…

martes 15 de marzo de 2011

La hija del minotauro

Estoy caminando a la orilla del todo,
estoy cargada de electricidad estática,
estoy enredada en medio de los espinos
que han formado mis neuronas.
Estoy sobrevolando la frontera del tiempo
donde los segundos se congelan
y caen al vacío convertidos en alfileres.
Caminando por el lado salvaje de la vida,
caminando de espaldas sin ver
hacia donde me llevan mis pisadas.
Tratando de comprender por qué,
desde dónde o cómo llegué a este punto,
tratando de visualizar la salida, de hallar el hilo
que me guie hacia la salida del laberinto
y no hacia unas pezuñas inquietas
y un par de cuernos sin piedad…

jueves 3 de marzo de 2011

DESVELORIO (crepúsculo corpuscular)

En qué instante fue que cayó
la última gota que desencadenó
el diluvio interno, la inundación
subcutánea que nubló tus ojos.

Qué partícula se incrustó en tu corteza
como una sanguijuela imperceptible,
como una culpa omnipresente
que te persigue y ruega por
que grites su nombre

Las horas, soldados abatidos;
hormigas resignadas
que desfilan al compás
del funesto canto de
un Sol más
          …náufrago...
 desde hace varias campanadas,
en el océano lóbrego y espeso
del purgatorio insondable
anegado por tus sempiternas dudas



martes 6 de julio de 2010

Un rancio olor a fraude

A propósito de la reciente jornada electoral les dejo esta pequeña crónica de lo que me tocó vivir hace cuatro años, el día de las elecciones presidenciales, o sea el día del más grande fraude... Aunque siendo honestos, todos los días de elecciones son días de grandes fraudes, por lo visto.


Aunque no voy a hablar precisamente de una experiencia estética, la siguiente ha sido una experiencia que me dejó con esa sensación de impotencia, ese enajenamiento ante los acontecimientos y esa mezcla de sentimientos y emociones a los que no sé todavía cómo nombrar; diría más bien que se trata de una experiencia patética. Lo interesante es que no soy la única persona que experimentó esa especie de experiencia, estoy segura de que han sido muchísimas, quizá cientos de miles de personas además de mí y todas ellas al mismo tiempo. En este momento sigo bastante impactada, con esa sensación de mariposas revoloteando en algún lugar entre mi estómago y mis sesos semi-fundidos.
Claro, estoy hablando del proceso electoral que hemos presenciado y en el que muchos de nosotros hemos participado el pasado dos de Julio. La política es un tema del que suelo hablar poco ya sea porque siempre acaba generando conflictos entre mis amigos más entrañables (en el caso de mi familia no ocurren conflictos pues todos tenemos un punto de vista muy similar al respecto), porque la situación política del país “ha sido la misma por siglos”, porque “ya todos sabemos que México es y será siempre corrupto” y porque a esta juventud actual (léase “jumentud”) no le interesa en lo más mínimo ya que está convencida de todo lo anterior y cree que no se puede hacer nada al respecto (o más bien le cuesta trabajo entrar en el papel de “el futuro de México” y tiene una inmensa pereza de empezar a hacer algo para cambiar lo anteriormente mencionado).
Es muy posible que mi conmoción, por llamarle de algún modo, se deba a que es la primera vez en mi vida en que soy participe de una de las decisiones más significativas no sólo para mí sino para toda una nación; esto sumado a que, por razones que aún no comprendo del todo, formé parte de los representantes de casilla de cierto partido... no, no se trató de una decisión del todo inconsciente, lo hice por que me lo propusieron, porque decir que no habría significado negarme a un “deber ciudadano” y sobre todo porque de ese modo observaría más cerca que la mayoría de la gente la forma en que se llevaban a cabo unas elecciones que solo ocurren cada seis años. Mi latente espíritu político despertaba de su aletargamiento de casi dos décadas, pero volvió a un estado de hibernación después de un rato de estar sentada haciendo casi nada desde las siete y media de la mañana de este dos de Julio.
El proceso de observación no fue nada emocionante, todo transcurrió con mucha tranquilidad a pesar de que la casilla electoral en la que estuve se localizaba en una colonia popular en donde era mucho más posible que ocurrieran disturbios o incidentes fraudulentos como acarreos, sobornos, etc. Por momentos el aburrimiento parecía convertirse en desesperación con el paso de las horas y hubiera estado a punto de levantarme y gritar -¿saben qué? ¡yo no tenía la más mínima intención de involucrarme en el proceso electoral más que con mi voto y de ahí me vale el partido, yo no estoy ni en pro ni en contra, sólo apoyo al candidato a presidente; lo único que quiero es largarme de aquí!- si no fuera por que soy muy cobarde para hacer eso pero sobre todo porque mi mamá era la segunda representante del partido en la casilla (y a ella sí que le importaba) y de haber explotado de ese modo... no me quiero imaginar las consecuencias.
Para terminar aquel día, al llegar a mi casa pasadas la once de la noche, lo primero que hice fue encender la televisión con el propósito de escuchar alguna noticia sobre los resultados de un conteo rápido. Vaya sorpresa recibí cuando en la pantalla apareció un funcionario del IFE anunciando que la diferencia entre los dos candidatos con más votos era mínima a tal grado que no podían declarar aún quién era el ganador.
¡¿Qué?! Yo había estado un día entero en una casilla contando voto por voto y la diferencia era más que obvia, de golpe se daba uno cuenta cuál candidato había triunfado, sin embargo esa era solamente una muestra, los resultados en cada una de las miles de casillas electorales variaron mucho –aunque la competencia se había reducido a dos candidatos de los cinco iniciales-. Pero, ¿cómo es posible que hubiera un virtual empate? Después de tanta campaña, del esfuerzo y el apoyo de tanta gente, de habernos dado cuenta de que lo que menos falta nos hace es otro presidente de derecha, y en este caso de extrema derecha.
Desde hace algún tiempo había perdido la esperanza en el sistema político mexicano, incluso bromeaba con frecuencia sobre la posibilidad de migrar a cualquier otro país si volvía a ganar la derecha (o quizá no era tanto una broma, sino un deseo reprimido y disfrazado de broma); pero la reciente campaña electoral, las propuestas de determinado candidato y la reacción de mucha más gente de lo ya acostumbrado en conjunto con el fenómeno que hace poco tiempo se empezó a suscitar en Sudamérica (la toma de poder de los candidatos de izquierda en países como Brasil, Argentina o Bolivia) me hicieron empezar a creer que ese cambio era también inminente en México, que la gente por fin había reaccionado.
Los resultados han tardado en salir, todo sigue en virtual empate y lo más patético del asunto es que la noche del dos de julio los dos candidatos más votados se declararon victoriosos (cada uno por su lado, por supuesto), tanto el candidato que prometía llevar a México a ese cambio que viene ocurriendo en los países del sur como el de ultra derecha con una ideología que de tan conservadora roza con lo retrogrado y cuya campaña no proponía nada sino que simplemente infundía el miedo a las ‘terribles consecuencias’ en caso de que ganara el candidato de izquierda, imaginando un escenario posible de más deudas y más crisis, como si este candidato de derecha tuviera la clave para solucionar los problemas de la nación (en realidad ninguno de los cinco candidatos la tenía, pero por lo menos no todos alardeaban de tenerla).
Lo indignante, por lo menos desde mi punto de vista, es que esa campaña del miedo –por cierto, sospechosamente similar a la de George Bush- dio resultados porque la gente de la clase media baja con poca conciencia política, poca información sobre cada candidato y una enorme ignorancia de la situación económica del país sí creyó la amenaza de que “perderían todos sus bienes si el candidato X llegaba al poder”; en cambio, la gente de las clases más humildes, aquellos que tienen poco de perder fueron los que más votaron por la opción de la izquierda ( eso lo sé porque la casilla en la que me toco ser representante se encontraba en una colonia popular, ya lo había mencionado antes, pero además porque al ponerme en contacto con otros representantes de casillas cercanas los resultados eran los mismos).
Ahora, mi indignación ante la ignorancia de las clases medias es lo que me ha hecho regresar a mi estado anterior de desconfianza en el sistema político del país; regreso a ese estado de no querer saber nada, puedo decir de nuevo con facilidad que no voy a decirle a nadie que las cosas marcharían mejor si la gente hubiera votado por tal o cual partido porque su propuesta de modelo económico era más realista o qué se yo. Esa indignación se ha convertido para mí en una enajenación provocada por la monotonía y la mediocridad a la que regresaremos... ¿regresaremos? Pero si nunca hemos salido de ella, por lo menos no durante el tiempo que llevo viviendo sobre este planeta. La situación política que ha resultado del reciente proceso electoral me ha provocado quedarme sin habla, sin saber que pensar, en medio de un sentimiento que me supera y al que no se como llamar.
Ahora sí he entendido a Sartre y su desconfianza en el ser humano, su aversión a la monotonía patológica de la humanidad, a esa apatía crónica que nos vuelve a veces tan inútiles, ese patetismo hipócrita y egoísta del que nadie se escapa, porque todos pensamos en nosotros mismos pero paradójicamente escogemos aquellas cosas que terminan perjudicándonos; y luego nos preguntamos por qué nos pasa todo lo malo a nosotros, la respuesta es simple: porque el ser humano es el único animal que se tropieza, no una ni dos, sino una infinidad de veces con la misma piedra.

lunes 28 de junio de 2010

Hemoglobina


Este es un texto que escribí hace algunos cientos de años... Para alguien o para nadie, quién sabe, ya ni yo lo recuerdo...


“Las profundidades submarinas eran de un rojo como el que vemos ahora sólo en el interior de los párpados, y los rayos del Sol en llamaradas o chorros, llegaban a aclararlas...”
-Italo Calvino


En momentos como este, en que mi mente se encuentra en medio de cierta penumbra, debido quizá a que mi sangre es más espesa gracias a los anestésicos y analgésicos de una cirugía menor; me llegan como palpitaciones, algunos recuerdos salpicados de sangre, memorias de aquellos pequeños accidentes cotidianos en los que el carmín se asoma por alguna rendija de la piel. Estos no me causan pánico alguno, es más, quizá a veces me siento atraída por la sangre, o quizá siempre ha sido así; el olor a hierro oxidado que adquiere la sangre al contacto del oxígeno del aire, el cambio del estado líquido a esa consistencia acaramelada conforme se coagula, el rango de colores que toma mientras se seca, el sabor ferroso que es diferente en cada persona.
En este instante puedo casi sentir como se desliza la sangre por mis venas, por mis arterias, irrigando todo mi cuerpo lentamente porque su viscosidad es mayor que lo normal, porque se ha vuelto una melaza rojo intenso gracias a los medicamentos. Puedo sentir como esas sustancias ajenas a mi organismo están saliendo por los orificios que hace algunos momentos trazó la aguja de una jeringa, como dejan un sabor amargo y oxidado; esa es la mala sangre, lo que ya no necesito.
En medio de ese sopor fangoso recuerdo un beso, casi de los primeros, en el que, por accidente o tal vez por juego, rasgué los labios del otro y comenzaron a sangrar levemente; esa debió ser mi primera experiencia vampírica, o algo así me dijo él, yo me opuse (como cualquier vampiro negaría en público lo que es) y alegué que soy vegetariana.
Otra memoria es la de una jeringa, no... era más bien sólo la aguja. De que, no sé cómo ni por qué, se me ocurrió buscar por mi cuenta la vena principal que corre a lo largo del brazo, para después perforarla de un solo golpe... y luego darme cuenta de que la aguja se había atorado y que no podía sacarla, hasta que la arranque como una vil espina en medio de un leve ataque de pánico; recuerdo como la sangre brotaba de manera rítmica por el minúsculo agujero, como se deslizaba y escurría como leche tibia hasta que, diez minutos después la vena perforada cicatrizara casi imperceptible. Ahora los únicos vestigios son algunos manchones en las paredes de mi cuarto y del baño, tan insignificantes que pocos los han notado.
Sin embargo hay otras sensaciones que también me aluden a la sangre, no sólo verla, olerla, saborearla; tú mismo me la has presentado de otras formas, y es gracias a eso que sé que en realidad existes. ¿Algún ejemplo? Aquel abrazo que fue tan fuerte que hizo que por un momento sintiera tu corazón latir casi encima del mío, que me hizo pensar que nos conectaba un solo sistema circulatorio; tu obsesión por el hematoma en mi brazo causado por la mala práctica (o más bien, mala puntería) de los estudiantes de medicina; la forma en que los vasos capilares se trasparentan a través de tu piel algunas mañanas y te dan ese color violeta pálido; y regresando a lo más obvio: la vez en que, por alguna razón que desconozco, decidiste perforar con dos grapas la yema de tu dedo índice, justo frente a mis ojos (fue algo bastante extraño, incomprensible, pero a la vez fascinante... la sangre siempre es fascinante), y como dejaste parte de mis apuntes manchados, y un poco de sangre en mi mano; y el impulso reprimido que tuve de llevar tu mano a mi boca, sólo para probar la diferencia de la tuya con otras sangres.
Pero como extraño y fugaz fue aquello, igual fuiste tú, porque te esfumaste de repente, y mi fascinación se mezcló con preocupación por ti, por lo que te hubiera pasado (porque, aunque no lo creas, muchas veces me preocupo por ti), porque no supe la razón de tu silencio y continúo sin saberla casi desde entonces.

domingo 25 de abril de 2010

Regreso al más acá....

Luego de un viaje en el que se supone que buscaría una plática introspectiva por medio de aquellos míticos entes que crecen arriba del cerro sagrado... Y de no encontrar a ninguno de ellos, me dí cuenta del verdadero viaje que tuve, una re conexión sideral que nada tuvo que ver con sustancias psicoactivas y mucho con ver lo que me rodeaba durante esas casi seis horas de caminata en las que el paisaje cambió de forma alucinante - y repito, no me metí absolutamente nada.. más que un sándwich de queso y una manzana con chilito piquín- . Hoy, leyendo "Las puertas de la percepción" de Aldous Huxley, encontré una frase de Goethe que se apega mucho a lo que sentí al ver con más detenimiento toda esa naturaleza alucinante ante mis ojos -lejos del ruido urbano, de las agobiantes clases de lingüística, etc, etc, etc...- y me di cuenta de que dejamos de lado tantas cosas fabulosas que están frente a nosotros.
Ahí les van las palabras de Herr Goethe:
"Hablamos demasiado. Deberíamos hablar menos y dibujar más. A mí me me gustaría renunciar totalmente a la palabra y, como la naturaleza orgánica, comunicar cuanto tenga que decir por medio de dibujos. [...] Una persona capaz de descifrar bien su significado podría dispensarse totalmente de la palabra escrita o hablada. Cuanto más pienso en ello, más me convenzo de que hay algo inútil, mediocre y hasta afectado en la palabra. En cambio, ¡cómo impresionan la gravedad y el silencio de la naturaleza, cuando se está cara a cara con ella sin nada que nos distraiga, ante unas desnudas alturas o la desolación de unos viejos montes!"